Testimonio de Monseñor Josemaría Ortega

Nació el 30 de diciembre de 1950 en Santo Domingo de Nava, Huarochirí. Sus padres son Toribio e Inocenta; tiene 11 hermanos. Realizó sus estudios de primaria en Santo Domingo de Nava, Millotingo. Estudió en el Seminario Mayor, desde 1970 a 1976, y se ordenó de Diácono en 1977. Hizo sus estudios pedagógicos en el Instituto “Marcelino Champagnat” de Lima. Se ordenó de sacerdote el 25 de junio de 1978. Realizó los estudios de Licenciatura y Doctorado en la Universidad de Navarra – España. Obtuvo un diplomado sobre matrimonio y familia en Roma. Trabajó pastoralmente en las Parroquias de Quinches, de San Vicente y otros. Fue Rector del Seminario Mayor “San José” de Cañete, Rector del Seminario Menor “Nuestra Señora del Valle” y Director del I.S.P. “San Josemaría” de Cañete. Fue ordenado Obispo para la Prelatura de Juli (Puno) el 01 de julio 2006 en el Santuario “Madre del Amor Hermoso”, siendo el consagrante principal el señor Cardenal Juan Luís Cipriani, Arzobispo de Lima.

1. ¿Por qué se decidió a estudiar en el Seminario Menor?

Cuando fuí al Seminario Menor no tenía la idea de ser sacerdote. Yo tenía 11 años, era unos de los mayores de los aspirantes al Colegio. La ilusión de ir al Colegio era principalmente porque mis padres conocieron al sacerdote encargado de la Parroquia de San Mateo de Huanchor y subía a las minas cada mes. Concretamente mi padre era un hombre acogedor, muy servicial, muy amable. Entonces se hizo muy amigo del sacerdote y le invitaba a la casa; el sacerdote iba tratando a los hijos varones. Luego me hablaría sobre el Colegio, sobre la piscina, y otras cosas. Mi papá me dijo si me gustaría estudiar en el Seminario. Yo le dije que sí porque la idea que dominaba en esa época era enviar a un hijo a estudiar a Lima o a otro sitio, y eso significaba la ilusión de mi padre de enviarme a estudiar al Seminario Menor.


2. ¿Cómo surgió su vocación sacerdotal y en qué circunstancias? ¿Recuerda algunas anécdotas con los alumnos y formadores del Seminario Menor?

Me decidí estudiar en el Seminario porque mi padre tenía esa ilusión Conocí del Seminario Menor, la piscina, el campo de fútbol y sus demás ambientes. No tenía por el momento el tema de la vocación, pero me ilusionaba por conocer la playa y otras cosas, la ilusión de todo niño. Pienso que mi vocación sacerdotal surgió antes de ir al Seminario y al volver de vacaciones, acompañaba al padre José Pérez García, el párroco de San Mateo de Huanchor. Unas veces bajaba de las minas de San Mateo para escuchar la Santa Misa los domingos. El padre llegaba a la casa a las 12:30 de la noche o de madrugada a San Mateo y mi padre lo esperaba. Acompañaba al párroco hacia Casapalca, a Vizo o a otros pueblos de la parroquia de San Mateo. Muchas veces nos cogía la nieve o la lluvia en el camino. Entonces el padre José quizá me dejaba la casaca que tenía y al ver a un sacerdote que se dedicaba completamente a los demás, me ilusionaba su ejemplo. Me tenía un gran aprecio porque le acompañaba, me daba un trabajo y me encargaba los libros de bautismo, de matrimonio. Me los llevaba a Millotingo con mucho cuidado, siempre me decía que rellenara todas las partidas de bautismos y de matrimonios, o en San Mateo me quedaba tres días en vacaciones, o a veces una semana.

Luego cuando entré al Seminario a la edad de tercer año de secundaria, viajé para decir al padre Agapito, que era el director, que quería ser sacerdote. Con esa amplísima libertad que tenía el padre Agapito, de carácter muy sereno, directo, me dijo que eso lo hablara con el director espiritual. Me quedé sorprendido, pues creí que me diría que me parecía muy bien. El director espiritual me dijo que el tema está en mis manos, y poco a poco fuera descubriendo esta situación, y así fue. En el Seminario nos enseñaron y aprendimos a ser educados, serviciales, amables, a vivir el compañerismo. Y me dedique a estudiar, porque un día mi padre me dijo que no tienes otra cosa más que estudiar, y es verdad. Todo aquello me lo grabé en la cabeza, y por eso aprovechaba el tiempo y era uno de los chancones del colegio, como se decía. Recuerdo alguna anécdota que nos dio el Padre Esteban Puig al castigarnos en el pasillo, estando parados aguantando con sueño el castigo hasta las 2:00 am, después de haber malogrado algo en la casa. Otra anécdota fue cuando quemaron la chala del vecino, se ve que a escondidas fumaban, ya que la colilla del cigarrillo aún estaría encendida. Todas esas cosas debían aguantar los formadores y que lo hacían como verdaderos padres.

Recuerdo la persona de un sacerdote que parecía serio: era el Padre Agapito, el director, un hombre muy entregado, muy generoso, que tenía una buena capacidad para el trabajo, y de saber meterse de lleno en una obligación, en un deber, y eso me ayudó mucho. Del padre Esteban recuerdo esa amabilidad, esa alegría, esa ilusión por hacer las cosas bien, como nos enseñaba a llevar la vida con alegría, deportivamente. También nos hacía pasar buenos ratos contándonos cuentos, con la música, con los cantos, los juegos, etc. Y en la dirección espiritual estaba el padre Bienvenido, quien me aconsejaba y me ponía las metas y yo solía cumplirlos, Es un sacerdote a quien siempre he tenido un gran aprecio. Y otro profesor que estuvo a mi lado fue el padre Samuel Valero, quien escribió “Yauyos: Una aventura en los Andes”, fue también mi director espiritual y un sacerdote quien influyó mucho en mi vida.


3. ¿Ud. conoció muy de cerca como alumno del Seminario Menor y después como sacerdote a Monseñor Ignacio, Primer Prelado de Yauyos, ¿nos podría contar algunas anécdotas más resaltantes de su personalidad?

En el año 1964 que ingresé al Seminario Menor, estaba como Prelado Monseñor Ignacio desde el año 1957, y yo creo que no sabía quién era él, cómo era él, pero vi en él a un sacerdote sencillo, muy acogedor, pero lo conocí cuando él iba al Seminario Menor. Se ve que se reunía con sus sacerdotes, y después tenían la tarde deportiva, en el que jugaba fulbito con sus sacerdotes, con los alumnos mayores y, como habrán escuchado de Monseñor Ignacio, no le gustaba nunca perder, y así que mientras no ganaba, no terminaba el partido. Recuerdo que en una ocasión había salido a hacer un encargo de los formadores en la hora de deporte, y cuando llegué estaban perdiendo. Me puse en el equipo contrario al de Monseñor Ignacio y comenzamos a igualar el marcador. Luego comenzamos a ganar, y se ve que Monseñor estaba, como dicen los españoles, a rabiar y cuando en un momento le hice dar una vuelta, me dio una cachetada, diciéndome que así no se trataba al Obispo. Yo me quedé sorprendido. Luego al acabar el partido me dio un abrazo en la puerta de la dirección del Colegio, y le dijo al padre Agapito que yo estaba con una tos fuerte y que necesitaba que se me llevara al médico. Entonces, me di cuenta que era un hombre que se preocupaba por los demás. De hecho cuando se hicieron las Confirmaciones yo no pude estar, porque tuve que coordinar varias cosas (resulta que me enviaron a buscar al fotógrafo para que viniera a la Confirmación, y otras cosas que sucedieron). Cuando se lo dije al padre Agapito, me dijo que no me preocupe, que ya veremos cuando me confirmaba Monseñor, y el 20 de octubre, cumpleaños del padre Agapito, me confirmó en su Capilla, Luego me invitó a tomar desayuno junto con el padre Agapito, y mi padrino de confirmación fue un profesor de primaria. Cuando iba al Seminario a jugar, ya le tenía más confianza, me llamaba siempre para su equipo, y cuando fui sacerdote él fue el primer concelebrante y Monseñor Enrique Pélach, el segundo. En el momento de la paz me dijo, no viejo, sino “Bueno viejorro, que seas fiel aunque sea en la punta del cerro”. Ya de sacerdote, por motivos de reuniones y convivencias, iba a Chiclayo. Un día fui a visitarlo y me dijo: “Cada vez que pases al norte te vas a quedar aquí, vienes a visitarme”. Y las veces que iba siempre pasaba a verle. Conversábamos mucho, yo le preguntaba y él me contaba cosas.

Sobre su persona puedo decir que fue un Obispo muy entregado, que supo unir el tema de la fraternidad y unidad de sus sacerdotes. Como también es cierto que a Monseñor le gustaba los payasos, por eso le pregunté más tarde cuando iba a Chiclayo por qué tenía esa afición por los payasos, y me dijo que llevaba la vida de entrega, de amor a Dios, y que hay que hacer todas las cosas para agradar Dios, para agradar a la Virgen hay que hacer lo que sea. Recuerdo que en una ocasión estábamos en tertulia, yo no participaba, él hacía una broma y todo el mundo se reía, hacía un poquito el payaso contando cosas. Yo pienso fue es un hombre que siempre cultivaba el tema de la fraternidad entre los sacerdotes, y de cómo los sacerdotes le apreciaban. Quería mucho a sus sacerdotes, se preocupaba mucho por ellos, siempre pendiente de cada uno de ellos. Fue un hombre de gran corazón. Pero también fue un hombre de carácter fuerte. Ya lo dice su lema: “Per aspera ad astra”. Esta frase manifiesta su modo de ser, su carácter, su temperamento.


4. Además Ud. fue Rector de nuestro Seminario Menor - Colegio Nuestra Señora del Valle. ¿Qué recuerdos y experiencias tiene de la importancia y la formación de los alumnos, especialmente de aquellos que recibieron la vocación sacerdotal?

Cuando se va Monseñor Orbegoso a Chiclayo y viene como Obispo Monseñor Sánchez-Moreno, de él fuimos aprendiendo a anticiparnos, a sacar las cosas adelante, porque éramos los primeros. Teníamos que ser sinceros, responsables en los encargos, etc. Siempre nos recalcaba el hecho de que en un futuro nos haríamos cargo, porque los sacerdotes que vienen de fuera se irán haciendo mayores y tendríamos que tomarle la posta y ese momento llegó.

Así que cuando fui nombrado Rector yo lo supe asumir con bastante disponibilidad y dispuesto a cumplir lo que me encargara el Obispo. La disponibilidad de un sacerdote es la de aceptar los encargos sea cual fuere. No estar pensando en un inicio en las dificultades o problemas y darnos cuenta de que si nos dan un encargo será porque podemos hacerlo y también porque nos fiaremos más de Dios.

También fui aprendiendo de mis predecesores, sus cualidades y virtudes. Aprendí a sacar adelante el Seminario, de vivir en exigencia y que estudiaran los alumnos, a saber tratar a los profesores laicos. Lo hice con gran disponibilidad y dedicación, esforzándome en hacerlo al igual que el director anterior y esforzándome también a que salieran vocaciones al sacerdocio, porque así nos dijo Monseñor Ignacio, procurando que se formaran muy bien, que sean útiles a la sociedad, a la patria, y que alguno fuera sacerdote, y que de hecho fue así. De mi promoción fui el único que salió. Y siempre tuve la ilusión de que salieran vocaciones al sacerdocio en nuestro Seminario.


5. ¿Qué consejos daría a los padres de familia con relación a la formación de los hijos y con la posible llamada de Dios a la vocación sacerdotal?

Yo creo que ayuda enormemente la familia en la vocación sacerdotal de los hijos que han sentido el llamado de Dios, y esto lo digo ya que he sido Rector del Seminario Mayor en el cual muchos padres de familia se oponían en la vocación de sus hijos, y en el Seminario Menor he participado en la APAFA. He tenido la oportunidad de conversar y conocer a las familias. Y el consejo que puedo dar a los padres de familia es que ellos deben saber que son los primeros educadores de los hijos, donde aprenderán de ellos la obediencia, la sinceridad, la generosidad, la alegría, la entrega, etc. Yo pienso que si tengo que hablar de las posibles vocaciones de los hijos deben de facilitarlo, deben de apoyarlo, y tratar de acompañarlo.

Y además la familia debe estar bien constituida, una familia que viva la vida cristiana, por lo que Dios algo tendrá que sacar de esa familia, como también los padres de familia deben brindar a sus hijos ejemplo de vida cristiana, que es lo fundamental.


6. Y finalmente, ¿Qué consejos daría a los exalumnos de nuestro Colegio para que puedan continuar con su formación en su vocación laical?

Yo creo que el 85 % son laicos. A ellos les reitero lo que nos decía Monseñor Ignacio: que sean buenos ciudadanos, buenos padres de familia y buenos profesionales, y que nunca descuiden todo aquello que recibieron en el Colegio, que lo sigan valorando; y además ya que tengo aún amistad con exalumnos que encuentran dificultades en su trabajos, en el cual existe las coimas, y ellos han sabido mantenerse firmes gracias a los criterios de formación que recibieron en el Seminario, y ellos verdaderamente lo agradecen. Pienso decirles que sigan viviendo, sigan valorando la educación y la enseñanza que han recibido en el Seminario. Y que no descuiden en brindar su apoyo al Seminario Menor, ya que se brinda una educación religiosa y moral que ayuda enormemente, y que el hombre no solamente es cuerpo también es alma. Mi consejo es que sigan viviendo la vida cristiana, que cumplan con los Mandamientos, los Sacramentos, que traten de amar más a Dios, de acudir más a Dios y que no se olviden que han crecido en el Seminario, le han educado y le han enseñado a estar junto a los pies de Santa María “Madre del Amor Hermoso”, y que prácticamente le tengan una gran devoción, y que si ahora tienen una familia, hijos, que sepan inculcar todos esos valores que han recibido y aprendido en el Seminario-Colegio.

Y a todas las personas que están vinculadas al Seminario, sé que han aportado con el Seminario Menor, desde el punto de vista material y espiritual, y a todas las personas invitarles a que sus hijos estudien en este Seminario – Colegio “Nuestra Señora del Valle”; como también dirigirles un gracias ya que nos han ayudado a alcanzar nuestra formación y lograr alcanzar nuestra vocación. Y yo pienso que en estos 50 años de vida de nuestro Seminario, en donde han salido muchos sacerdotes para la vida de la Iglesia, para seguir llevando la Palabra de Dios a todos los pueblos, para dar consuelo a los enfermos. Finalmente quisiera decir a todos los padres de familia que cuiden más de más de sus hijos, y decirles que ahí tienen un Colegio que de alguna manera es y será un aporte para la sociedad y para el País.